Trasfondo:
Nació hace 28 años. Sus progenitores eran guerreros de la Horda y no tuvieron tiempo de cuidar de ella, por lo que como a tantos otros el chamán de su asentamiento se encargó de su educación. En cuanto tuvo edad para hacerlo viajó a las tierras de Durotar, en Kalimdor, y se alistó al Ejército.
Tras algunos años en Orgrimmar enviada a Rasganorte para servir a las órdenes del entonces Señor supremo Garrosh en el Bastión Grito de Guerra. Sirvió lo mejor que pudo, enfrentándose a los nerubianos y otra extrañas criaturas, hasta que finalmente el Rey Exánime cayó y ella entre muchos otros pudieron volver a las cálidas playas de Kalimdor.
Los años siguientes continuó haciendo la voluntad del ahora Jefe de Guerra Garrosh. Tal vez demasiado al pie de la letra, ejerciendo la voluntad del Jefe de Guerra con la misma violencia con la que era transmitida. No tuvo problema en ejecutar prisioneros desarmados, demasiados, o a sus hijos ya de paso. Estuvo en Orgrimmar, defendiendo la ciudad de aquellos que pretendían derrocar a Grito Infernal, traidores y perros de la Alianza que se habían atrevido a pisar su tierra. Cayó herida de gravedad por una hoja humana. Cuando despertó se encontró en un campamento en el que ya reinaba la paz.
Su señor había muerto, y ahora le tocaba a ella rendir cuentas. Sus nuevos superiores la degradaron y enviaron a un lugar apartado junto a otros guerreros poco de fiar. Pasó allí largo tiempo, mientras otros viajaban al pasado de otros mundos y combatían a la Legión Ardiente... Hasta que un emisario de la Horda llegó para notificarles su nueva misión. Ahora Sylvanas era la jefa de guerra y había ordenado que todo guerrero apartado como ellos debía acudir a la ayuda de la Horda: Comenzaba la Cuarta Guerra.
Decidió aprovechar esta oportunidad de redención y servir con mas fiereza y dedicación. Al fin una oportunidad de recuperar el "honor", pensaba. O almenos conseguir algo de gloria. Pero lo único que hizo fue volver a repetir las mismas acciones fanáticas que la llevaron al exilio la primera vez. Con sus manos manchadas de los inocentes del Teldrassil, aunque con la conciencia tranquila, continuo participando en la ofensiva allí donde la Horda la requería.
Pero al final la Dama Oscura abandonó este mundo, y Ko'gara no consiguió la gloria que buscaba, y mucho menos el honor.
De nuevo en Orgrimmar y degradaba de nuevo al puesto de Capataz se encontró con una oportunidad de empezar de cero: Una expedición insular. Un superior le había sugerido, sobre todo para huir de los familiares de los traidores que apenas unos meses atras había ejecutado sin dudar.
Partió allí, de nuevo cumpliendo órdenes. A saber que hará ahora...